sábado, 14 de julio de 2012

Revolución Francesa


Lamartine cuenta que en el París prerrevolucinario (XIV arrondissement, Boulevard Sébastopol, esquina Rue du Chat-qui-Pêche) vivía una anciana marquesa a la que todo los días su fiel criado Leotard la despertaba llevándole su café noir, su brioche, el inevitable surtido de fromages, su jarrita de leche de Sevres y su mantequillas, ambas del Hameau de la Reine.
En esas llega julio de 1789 y el Juramento del Juego de la Pelota (que los franceses llaman 'Le Serment du Jeu de paume' ) y el fiel Leotard no hizo acto de presencia. La marquesa consideró indigno salir de la cama ('lit de justice' en français) pero los estómagos son acreedores muy puntuales. Total que al cabo de dos horas se puso la bata (robe de chambre), recorrió el palacete y al fin encontró al fiel Leotard en su mansarda leyendo '¿Qué es el Tercer Estado?' del abate Sièyes seguido de '¿Y tú me lo preguntas?' del abate Farias. Y allí se desarrolló el siguiente (y profético) diálogo:
- Madame la marquise: "Me parece que hoy ha estado usted un tanto remiso en cumplir sus obligaciones".
- Leotard: "Le recuerdo a la ciudadana que los tiempos han cambiado y que el pueblo le ha dado la vuelta a la tortilla".
- Madame la marquise: 'No me haga usted de reir, Leotard. Por muchas vueltas que dé la tortilla usted seguirá siendo la patata y yo el huevo.
Y sin más, dirigió majestuosamente sus pasos al café de la esquina y fundo el primer starbuck.

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